Esta noche mis trastos se quejan
Intentando dormir me acuesto y miro
y ellos me devuelven una mirada
pidiendome volver a su morada.
Y el dueño, yo, me vuelvo en medio giro.
"¿Dónde demonios estará la almohada?"
Maldice el dueño hastiado en un suspiro.
"Objetos" -dice- "amigos de retiro
sereis hasta que la obra esté acabada."
Y el colchón va y se une a la reclama.
Y el suelo y la pared. ¡Qué multitud!
"¡Callaos u os hago pasto de las llamas!"
Como decía Krahe, ¡por Manitú!
No, no estoy nada a gusto en esta cama.
En ella sobran cosas. Faltas tú.
martes, julio 14, 2009
lunes, junio 22, 2009
Boda
Este fin de semana he asistido a una boda.
Quien me conoce un poco ya sabe (o tal vez no) que las bodas no me gustan nada. Cero. Niet. Nothing. Pero esta era una ocasión especial.
Los participantes eran mi padre y su novia.
Y bueno... en realidad es complicado intentar transmitir lo que pienso y siento con respecto al tema. Dejando aparte los tópicos (pero no por serlo menos verdaderos) acerca de desearles lo mejor de lo mejor a los dos, de estar encantado con los invitados y de verles tan radiantes y contentos, lo cierto es que me siento bastante desconcertado.
Dentro de nada cumpliré treinta años y sin embargo parece que fue antes de ayer esa época en la que solamente tenía quince y mis pasiones y mis miedos eran básicamente los mismos que ahora, pero menos atemperados por la experiencia. Veo a ese adolescente con la cara frita por el acne, las gafas grandes, la mirada triste pero dulce. Y pienso en lo que él hubiera pensado si algún viajero del futuro le hubiera dicho que dentro de quince años asistiría a la boda de su padre.
Hubiera pensado cosas poco agradables.
Durante estos quince años han sucedido muchísimas cosas; tantas que no acierto a ver ningún patrón en la miríada de hilos conductores que conectan los hechos y experiencias, y que se dibuja a mi alrededor como las estrellas de una galaxia. Me he movido con el mundo. Ahora, al volver la vista atrás el paisaje es hermoso, pero también bastante diferente a lo que ese lejano adolescente pensaba que sería. Y aún hay zonas que no veo con claridad, que siguen cubiertas de niebla o de penumbra. No sé si llegaré a verlo todo alguna vez.
Pero en fin, ocurre que hay muchas parcelas de mi vida en las que soy tremendamente versatil, pero otras no disfrutan de esa prebenda. Por ejemplo la familia.
Nunca he llevado bien que mi familia no fuera una de tantas al uso, a partir de la separación de mis padres. Siempre he sentido que mi familia se rompió cuando sucedió aquello, y aunque la experiencia me ha demostrado que estaba equivocado, es cierto que aquel ambiente familiar ya nunca volverá. Saber eso es una de las cosas que me han hecho ir a la deriva en cuestiones familiares en la última década. Puedo funcionar sin etiquetas en prácticamente todas las parcelas de mi vida, pero no en lo que atañe a mi familia. Y es que "mis padres" dejaron de ser "mis padres" para convertirse en "mi padre y mi madre". Puede parecer lo mismo, pero no lo es.
Y estoy desconcertado porque según la fría lógica no debería hacerme ilusión que mi padre se haya casado. Pero el caso es que me la hace. En parte es porque B. es una mujer excepcional, lleva doce años con él, y ha estado ahí dando apoyo y cariño (a él, a mí y a quien lo ha necesitado) siempre. En parte también es porque me gusta ver que mi padre ha sido capaz de rehacer su vida con notable solvencia y que tiene una compañera de lujo en su particular viaje.
También estoy desconcertado porque... en fin, no se casaron en la iglesia sino en un ayuntamiento. Simplemente han firmado un papel que da fe ante el estado de que bla bla bla. Y llevan mucho tiempo juntos. La situación no debería ser diferente a como ha sido. Pero para mí lo es. Me fastidia reconocerlo, pero lo es. Manda narices. Mi padre ha "regularizado" su situación ante el estado y a mí, firme defensor de la primacía del sentimiento sobre la burocracia y la legalidad vigente, me hace ilusión. Manda narices.
En fin.
El caso es que esto viene a dar la razón al viejo axioma del "sólo sé que no sé nada". Quién me lo iba a decir.
La boda en sí fue como todas las bodas deberían ser: corta, hermosa y familiar. El último punto es de especial importancia porque fuimos catorce. Y, aunque faltaron algunas personas (la madre de B. y mis abuelos, en paz descansen), las que estuvimos éramos las que teníamos que estar, familiares y amigos cercanos.
Nunca pensé que diría esto (again) pero fue una boda estupenda. Gracias a los dos por hacerla posible.
Ah, y quiero anunciar aquí que mi dama es la mejor. Ella ya lo sabe, pero nunca está de más repetirlo. Gracias cariño. Has sido un pilar para mí este finde y tantos otros días.
PD: No, no voy a dejarme llevar por la emotividad y decir que los novios estaban muy guapos.
PPD: Aunque lo estaban.
PPPD: Y mucho.
Este fin de semana he asistido a una boda.
Quien me conoce un poco ya sabe (o tal vez no) que las bodas no me gustan nada. Cero. Niet. Nothing. Pero esta era una ocasión especial.
Los participantes eran mi padre y su novia.
Y bueno... en realidad es complicado intentar transmitir lo que pienso y siento con respecto al tema. Dejando aparte los tópicos (pero no por serlo menos verdaderos) acerca de desearles lo mejor de lo mejor a los dos, de estar encantado con los invitados y de verles tan radiantes y contentos, lo cierto es que me siento bastante desconcertado.
Dentro de nada cumpliré treinta años y sin embargo parece que fue antes de ayer esa época en la que solamente tenía quince y mis pasiones y mis miedos eran básicamente los mismos que ahora, pero menos atemperados por la experiencia. Veo a ese adolescente con la cara frita por el acne, las gafas grandes, la mirada triste pero dulce. Y pienso en lo que él hubiera pensado si algún viajero del futuro le hubiera dicho que dentro de quince años asistiría a la boda de su padre.
Hubiera pensado cosas poco agradables.
Durante estos quince años han sucedido muchísimas cosas; tantas que no acierto a ver ningún patrón en la miríada de hilos conductores que conectan los hechos y experiencias, y que se dibuja a mi alrededor como las estrellas de una galaxia. Me he movido con el mundo. Ahora, al volver la vista atrás el paisaje es hermoso, pero también bastante diferente a lo que ese lejano adolescente pensaba que sería. Y aún hay zonas que no veo con claridad, que siguen cubiertas de niebla o de penumbra. No sé si llegaré a verlo todo alguna vez.
Pero en fin, ocurre que hay muchas parcelas de mi vida en las que soy tremendamente versatil, pero otras no disfrutan de esa prebenda. Por ejemplo la familia.
Nunca he llevado bien que mi familia no fuera una de tantas al uso, a partir de la separación de mis padres. Siempre he sentido que mi familia se rompió cuando sucedió aquello, y aunque la experiencia me ha demostrado que estaba equivocado, es cierto que aquel ambiente familiar ya nunca volverá. Saber eso es una de las cosas que me han hecho ir a la deriva en cuestiones familiares en la última década. Puedo funcionar sin etiquetas en prácticamente todas las parcelas de mi vida, pero no en lo que atañe a mi familia. Y es que "mis padres" dejaron de ser "mis padres" para convertirse en "mi padre y mi madre". Puede parecer lo mismo, pero no lo es.
Y estoy desconcertado porque según la fría lógica no debería hacerme ilusión que mi padre se haya casado. Pero el caso es que me la hace. En parte es porque B. es una mujer excepcional, lleva doce años con él, y ha estado ahí dando apoyo y cariño (a él, a mí y a quien lo ha necesitado) siempre. En parte también es porque me gusta ver que mi padre ha sido capaz de rehacer su vida con notable solvencia y que tiene una compañera de lujo en su particular viaje.
También estoy desconcertado porque... en fin, no se casaron en la iglesia sino en un ayuntamiento. Simplemente han firmado un papel que da fe ante el estado de que bla bla bla. Y llevan mucho tiempo juntos. La situación no debería ser diferente a como ha sido. Pero para mí lo es. Me fastidia reconocerlo, pero lo es. Manda narices. Mi padre ha "regularizado" su situación ante el estado y a mí, firme defensor de la primacía del sentimiento sobre la burocracia y la legalidad vigente, me hace ilusión. Manda narices.
En fin.
El caso es que esto viene a dar la razón al viejo axioma del "sólo sé que no sé nada". Quién me lo iba a decir.
La boda en sí fue como todas las bodas deberían ser: corta, hermosa y familiar. El último punto es de especial importancia porque fuimos catorce. Y, aunque faltaron algunas personas (la madre de B. y mis abuelos, en paz descansen), las que estuvimos éramos las que teníamos que estar, familiares y amigos cercanos.
Nunca pensé que diría esto (again) pero fue una boda estupenda. Gracias a los dos por hacerla posible.
Ah, y quiero anunciar aquí que mi dama es la mejor. Ella ya lo sabe, pero nunca está de más repetirlo. Gracias cariño. Has sido un pilar para mí este finde y tantos otros días.
PD: No, no voy a dejarme llevar por la emotividad y decir que los novios estaban muy guapos.
PPD: Aunque lo estaban.
PPPD: Y mucho.
Publicado por Earendil en 6/22/2009 12:21:00 p. m. 6 comentarios
miércoles, mayo 20, 2009
¡¡¡BWAHAHAHAHAAAAAAA!!!
Gracias por los comentarios y el ánimo en la entrada anterior.
Por cierto, ayer Kel'Thuzad besó el frío suelo de la cámara superior de Naxxramas; y lo hizo heroicamente, después de una lucha intensa donde solamente quedaron unos pocos en pie.
¡¡¡BWAHAHAHAHAAAAAAA!!!
Y ahora si me permiten...
Iba la raid por Naxxramas
más allá del frío Fiordo.
Llegamos a Kel'Thuzad
le dimos con to' lo gordo.
dimos con to' lo gordo.
dimos con to' lo gordo.
Y va y en el loot me sale que
tengo mondadientes nuevos.
(coro)Tengo mondadientes nuevos.
Tengo mondadientes nuevos.
(coro)Tengo mondadientes nuevos.
Parece ser por lo visto que
(todos)tengo mondadientes nuevos.
Vamos de raaaaidddd...
los chicos de Those Who Fight...
¡Gracias!
Sois un público maravilloso.
Gracias por los comentarios y el ánimo en la entrada anterior.
Por cierto, ayer Kel'Thuzad besó el frío suelo de la cámara superior de Naxxramas; y lo hizo heroicamente, después de una lucha intensa donde solamente quedaron unos pocos en pie.
¡¡¡BWAHAHAHAHAAAAAAA!!!
Y ahora si me permiten...
Iba la raid por Naxxramas
más allá del frío Fiordo.
Llegamos a Kel'Thuzad
le dimos con to' lo gordo.
dimos con to' lo gordo.
dimos con to' lo gordo.
Y va y en el loot me sale que
tengo mondadientes nuevos.
(coro)Tengo mondadientes nuevos.
Tengo mondadientes nuevos.
(coro)Tengo mondadientes nuevos.
Parece ser por lo visto que
(todos)tengo mondadientes nuevos.
Vamos de raaaaidddd...
los chicos de Those Who Fight...
¡Gracias!
Sois un público maravilloso.
Publicado por Earendil en 5/20/2009 09:45:00 a. m. 5 comentarios
jueves, mayo 14, 2009
Me cago en mi puñetera incapacidad
Como escribía hace poco, tengo un personaje del WoW que es una guerrera cuya función básicamente es servir de puching-ball al monstruo de turno y asegurarse de que nadie más que ella recibe las leches. Es un puesto sacrificado pero lleno de satisfacciones por el trabajo bien hecho.
Ahora bien, hay noches, como esta, en las que todo sale mal, en las que un PUTO fallo del tank (osea yo) hace que palmen todos los compañeros. Y es que no me ha faltado ni uno. Podríamos habernos bajado a Kel'Thuzad y haber limpiado Naxxramas completa. Pero no lo hemos hecho porque el PUTO main tank (osea yo) ha fallado más que una escopeta de feria y no ha hecho bien su trabajo.
Maldita sea.
Me cago en mi puñetera incapacidad. ¡Joder!
Ahora bien, hay noches, como esta, en las que todo sale mal, en las que un PUTO fallo del tank (osea yo) hace que palmen todos los compañeros. Y es que no me ha faltado ni uno. Podríamos habernos bajado a Kel'Thuzad y haber limpiado Naxxramas completa. Pero no lo hemos hecho porque el PUTO main tank (osea yo) ha fallado más que una escopeta de feria y no ha hecho bien su trabajo.
Maldita sea.
Me cago en mi puñetera incapacidad. ¡Joder!
Publicado por Earendil en 5/14/2009 11:05:00 p. m. 5 comentarios
lunes, mayo 04, 2009
Contando historias
Tener un blog es como poseer una pequeña ventanita en la cabeza que de vez en cuando se abre y permite que quien tenga interés eche un vistazo al interior. No lo voy a negar, esa ventanita tiene parte de escenario y parte de telón de fondo; es en esta parte por donde realmente discurre la procesión. Y, como el blog es algo público, siempre hago un proceso de filtrado acerca de lo que pongo y cómo lo pongo. Por ejemplo, esta entrada ha comenzado siendo una pequeña frase acerca del miedo que tenemos algunas personas a no tener opinión formada con respecto a un tema. No es que no me sedujera hablar de ello; a lo mejor lo hago en algún momento. Pero en algún lugar alrededor de la novena palabra, mi telón de fondo ha cambiado y con ello toda la función.
Así que hoy voy a hablar de las historias, de aquellos que las cuentan, y de aquellos que las cuentan bien. Y también de los que no las cuentan tan bien.
Si tuviera un momento poético diría que una historia es un trocito condensado de eso que llamamos "vida". Pero hoy estoy más prosaico (sólo un poco) y me conformaré con decir que una historia es simplemente algo que merece la pena contar y transmitir. Hay historias manidas, divertidas, aburridas, contadas una y mil veces, resucitadas, lavadas, recauchutadas, y un sinfín mas de "adjetivadas". Cada una tiene su propio argumento y su propio desarrollo. Puede ser tan corta (y mala) como el chiste del monstruo "trihuévido" o tan larga que suceda que sobreviva a su autor y sean otros quienes tomen el relevo y la amplien. De éste última no voy a poner ejemplos pues los hay numerosos, pero invito a mirar el título de este blog.
Pero todas y cada una de las historias tienen un punto en común: el contador, la persona que, ya sea habiéndola creado o bien que la haya escuchado o leido y la repite, lanza ese ente al universo esperando que éste (sea un grupo de amigos de cervezas o un audiotorio lleno de gente) la encuentre de su agrado.
Y bueno... de todos es sabido: hay contadores mejores y peores. Hay personas que son capaces de contarte cómo ayer se bajaron a tomar un café, se encontraron con un vecino por la escalera, y el extracto del programa que vieron en el bar, como si fuera la aventura más divertida jamás contada. Y también las hay que son capaces de arruinar una buena historia.
Es una pena, porque no creo que haya nada más reconfortante que descubrir que lo que acabas de contar les ha gustado a tus oyentes, que lo que tenías que transmitir les ha parecido interesante o divertido. Pero por alguna razón no se suele tener paciencia con aquellas personas que tienen menos capacidad para contar lo que quieren, aquellos que se traban, aquellos que no se sienten seguros y lo dejan traslucir. Socialmente se acepta mucho mejor, en cambio, al interlocutor agresivo, a la persona que interrumpe a otra o que alza el volumen de la voz más allá de lo que es cortés y deseable para un intercambio de ideas.
Esto es algo que siempre me ha crispado. De hecho es bastante probable que escuche con muchísima más atención a alguien que quiere contarme algo, aunque a veces le gane la torpeza, que a alguien que esté adornado con estos defectos dialécticos. Sí. Son defectos. Porque si crees que lo que tienes que decir es más importante que lo que estoy diciendo yo u otro contertulio, ya verás qué deprisa comienzo a quitarle importancia tanto a tu discurso como a tí. Pero me desvío.
De la misma manera que no hay nada más reconfortante que ser testigo del éxito de una historia, no hay nada más triste que ver como otra naufraga y se hunde.
Por eso me gustaría proponer a todo el mundo que escuche y que dé un poco de chance a esas personas que tienen menos facilidades para compartirse (porque en el fondo contar cualquier historia o anécdota no es más que eso) para que tengan más espacio y seguridad. Es algo de una sencillez ridícula y que no requiere más que un poco de paciencia y comprensión. No es complicado. A lo mejor hasta aprendes algo y te sorprendes, o te sorprendes y aprendes algo.
Porque alguien que cuenta una historia y se encuentra un auditorio receptivo y dispuesto a la crítica constructiva sabrá en qué ha fallado y mejorará; y tendrá la oportunidad de convertirse en un mejor contador de historias.
Y necesitamos buenos contadores. Necesitamos contar y escuchar historias.Así que hoy voy a hablar de las historias, de aquellos que las cuentan, y de aquellos que las cuentan bien. Y también de los que no las cuentan tan bien.
Si tuviera un momento poético diría que una historia es un trocito condensado de eso que llamamos "vida". Pero hoy estoy más prosaico (sólo un poco) y me conformaré con decir que una historia es simplemente algo que merece la pena contar y transmitir. Hay historias manidas, divertidas, aburridas, contadas una y mil veces, resucitadas, lavadas, recauchutadas, y un sinfín mas de "adjetivadas". Cada una tiene su propio argumento y su propio desarrollo. Puede ser tan corta (y mala) como el chiste del monstruo "trihuévido" o tan larga que suceda que sobreviva a su autor y sean otros quienes tomen el relevo y la amplien. De éste última no voy a poner ejemplos pues los hay numerosos, pero invito a mirar el título de este blog.
Pero todas y cada una de las historias tienen un punto en común: el contador, la persona que, ya sea habiéndola creado o bien que la haya escuchado o leido y la repite, lanza ese ente al universo esperando que éste (sea un grupo de amigos de cervezas o un audiotorio lleno de gente) la encuentre de su agrado.
Y bueno... de todos es sabido: hay contadores mejores y peores. Hay personas que son capaces de contarte cómo ayer se bajaron a tomar un café, se encontraron con un vecino por la escalera, y el extracto del programa que vieron en el bar, como si fuera la aventura más divertida jamás contada. Y también las hay que son capaces de arruinar una buena historia.
Es una pena, porque no creo que haya nada más reconfortante que descubrir que lo que acabas de contar les ha gustado a tus oyentes, que lo que tenías que transmitir les ha parecido interesante o divertido. Pero por alguna razón no se suele tener paciencia con aquellas personas que tienen menos capacidad para contar lo que quieren, aquellos que se traban, aquellos que no se sienten seguros y lo dejan traslucir. Socialmente se acepta mucho mejor, en cambio, al interlocutor agresivo, a la persona que interrumpe a otra o que alza el volumen de la voz más allá de lo que es cortés y deseable para un intercambio de ideas.
Esto es algo que siempre me ha crispado. De hecho es bastante probable que escuche con muchísima más atención a alguien que quiere contarme algo, aunque a veces le gane la torpeza, que a alguien que esté adornado con estos defectos dialécticos. Sí. Son defectos. Porque si crees que lo que tienes que decir es más importante que lo que estoy diciendo yo u otro contertulio, ya verás qué deprisa comienzo a quitarle importancia tanto a tu discurso como a tí. Pero me desvío.
De la misma manera que no hay nada más reconfortante que ser testigo del éxito de una historia, no hay nada más triste que ver como otra naufraga y se hunde.
Por eso me gustaría proponer a todo el mundo que escuche y que dé un poco de chance a esas personas que tienen menos facilidades para compartirse (porque en el fondo contar cualquier historia o anécdota no es más que eso) para que tengan más espacio y seguridad. Es algo de una sencillez ridícula y que no requiere más que un poco de paciencia y comprensión. No es complicado. A lo mejor hasta aprendes algo y te sorprendes, o te sorprendes y aprendes algo.
Porque alguien que cuenta una historia y se encuentra un auditorio receptivo y dispuesto a la crítica constructiva sabrá en qué ha fallado y mejorará; y tendrá la oportunidad de convertirse en un mejor contador de historias.
Oh cielos, cómo lo necesitamos...
Publicado por Earendil en 5/04/2009 02:43:00 p. m. 14 comentarios
miércoles, abril 22, 2009
Mi casa
He tenido bastantes casas a lo largo de mi vida. La primera es la antigua casa de la calle del Amparo, en el madrileño barrio de Lavapiés. Era una casa estupenda, la que más me ha gustado. Estuve en ella hasta los diez años más o menos.
Luego vino la casa de Leganés, situada cerca del entonces proyecto de centro comercial Parquesur. Una casa grande, luminosa, y donde tuve mi primer cuarto propio.
Mis padres se separaron y comenzó un vaivén de casas para mí. La primera, aunque nunca llegué a considerarla como mía, era un pequeño apartamento situado en la calle Conde Duque, en Argüelles. La segunda, una adorable vivienda en una nueva colonia de la calle Embajadores, entre Santa María de la Cabeza y Legazpi. La tercera fue un piso grande situado al lado de Pío XII, cerca de la cuesta de los Sagrados Corazones.
Luego me fui a vivir a mi antigua casa de la calle Amparo, al principio con una compañera de piso. Luego, ya solo, me mudé un poco más abajo, a un pequeño piso conocido amablemente como "el zulo", tercero sin ascensor, donde viví cosas interesantes. Y por último me cambié a mi actual residencia en el "transmanzanarino" barrio de Puerta del Ángel.
Me he movido bastante y mi hogar se ha movido conmigo demasiadas veces.
Tantas que creo que ya casi no tengo hogar. Lo he ido dejando por el camino. Mi casa es simplemente un lugar donde almaceno "mis cosas". Son muchas cosas, pero pocas son realmente mías. Anoche me dijeron una frase estupenda que a grosso modo dice que aquello que se tiene en el fondo de un armario tampoco se tiene realmente. Digna de elogio sin duda. Mi casa entera es un fondo de armario.
Pero me gusta, tiene cosas que nunca había tenido desde que me fui a vivir solo, como persianas, bañera, luz directa, y la posibilidad de ofrecer alojamiento a alguien que quiera quedarse con relativa comodidad, siempre y cuando no le importe el estado de perenne desorden que reina de puertas para adentro.
También tiene una gotera, pero eso es otra historia.
Luego vino la casa de Leganés, situada cerca del entonces proyecto de centro comercial Parquesur. Una casa grande, luminosa, y donde tuve mi primer cuarto propio.
Mis padres se separaron y comenzó un vaivén de casas para mí. La primera, aunque nunca llegué a considerarla como mía, era un pequeño apartamento situado en la calle Conde Duque, en Argüelles. La segunda, una adorable vivienda en una nueva colonia de la calle Embajadores, entre Santa María de la Cabeza y Legazpi. La tercera fue un piso grande situado al lado de Pío XII, cerca de la cuesta de los Sagrados Corazones.
Luego me fui a vivir a mi antigua casa de la calle Amparo, al principio con una compañera de piso. Luego, ya solo, me mudé un poco más abajo, a un pequeño piso conocido amablemente como "el zulo", tercero sin ascensor, donde viví cosas interesantes. Y por último me cambié a mi actual residencia en el "transmanzanarino" barrio de Puerta del Ángel.
Me he movido bastante y mi hogar se ha movido conmigo demasiadas veces.
Tantas que creo que ya casi no tengo hogar. Lo he ido dejando por el camino. Mi casa es simplemente un lugar donde almaceno "mis cosas". Son muchas cosas, pero pocas son realmente mías. Anoche me dijeron una frase estupenda que a grosso modo dice que aquello que se tiene en el fondo de un armario tampoco se tiene realmente. Digna de elogio sin duda. Mi casa entera es un fondo de armario.
Pero me gusta, tiene cosas que nunca había tenido desde que me fui a vivir solo, como persianas, bañera, luz directa, y la posibilidad de ofrecer alojamiento a alguien que quiera quedarse con relativa comodidad, siempre y cuando no le importe el estado de perenne desorden que reina de puertas para adentro.
También tiene una gotera, pero eso es otra historia.
Publicado por Earendil en 4/22/2009 11:33:00 a. m. 9 comentarios
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